Dietario de Múnich (XVIII)

Imaginen el siguiente escenario: “En la Sparkassenstrasse los gondoleros navegan despacio hasta Marienplatz, en lugar de miles de coches rugiendo a lo largo de la circunvalación del casco antiguo dirección norte”. Es un bello extracto de una noticia que el Süddeutsche Zeitung publicó en agosto cuando todavía me encontraba sumido en este largo letargo veraniego y que ahora recupero entre un montón de papeles olvidados. Ha sido una bonita forma de despertar. Este cuento fantástico proseguía así: son 57 los arroyos y canales que en el siglo XIX recorrían como una telaraña el centro de la ciudad. Múnich era como una pequeña Venecia. Esta foto de Hans Grässel del Archivo Municipal muestra el Pfisterbach (Bach significa arroyo en alemán) que recorría la Sparkassenstrasse:

München_-_Pfisterstr._(heute_Sparkassenstr.)_1907

Los arroyos tienen un gran significado en el desarrollo económico de la ciudad. En la Edad Media, a los dos lados del río Isar se levantaron las primeras factorías. Así lo recuerdan el nombre de algunas de las calles cercanas al río: Dreimühlenviertel (barrio de los tres molinos), Müllerstrasse (calle del molinero) o la Holzstrasse (calle de la madera).  En el Archivo Municipal se conserva un hermoso plano de 1613 de Tobias Volckmar:

Volckmer_Munich_1613_streams

Este sistema veneciano se lo llevó la industrialización como un torbellino. Sin dejar apenas rastro. A medida que entraba el siglo XX, con el aumento de la densidad de tráfico y la edificación de las primeras centrales hidroeléctricas junto al Isar, muchos de los arroyos municipales desaparecieron bajo tierra o, simplemente, se cegaron por completo. La construcción de las primeras líneas de metro en los años sesenta significó el golpe de gracia definitivo a los pocos arroyos que quedaban. Las autoridades también adujeron razones de seguridad para justificar el cegado. No fueron pocos los borrachos que a la salida de un bar murieron ahogados al caer en uno de esos oscuros hoyos de agua. No quiero imaginarme cómo habría sido por estos tiempos de una Oktoberfest cada vez más vulgarmente internacionalizada.  Un grupo de británicos imaginativos habría inaugurado – si se me permite el mal chiste-, después del balconing, una nueva forma de morir: el arroying. En fin…

Recientemente, dos plataformas ciudadanas – Green City y Münchner Forum –  han propuesto que se rehabilite el arroyo que nace en la Herzog-Wilhelm-Strasse, en el oeste, hasta formar un arco que bordee el Jardín Inglés y empalme con el arroyo de Schwabing. El proyecto quedaría de la siguiente manera:

muenchens-stadtbaeche

Desde hace más de diez años se plantea sacar a la luz algunos de los arroyos que todavía recorren las entrañas subterráneas de la ciudad. Supongo que técnicamente todo es posible en este revival postindustrial del paraíso preindustrial. Otras ciudades antaño fuertemente industrializadas como las de la cuenca del Ruhr han mostrado formas no menos imaginativas para reinventarse. Múnich parte de la siguiente ventaja: solo tendrá que esforzarse por recuperar los arroyos y canales perdidos. El resto, caminito que el tiempo aún no ha borrado. 

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