Dietario de Múnich (IV)

A mi compañero de piso Fernando Pérez,
infatigable gourmet, que sabe de lo que hablo

El café en Múnich es, por lo general, malo. Muy malo. Pese a la fiebre italiana que desde hace unas pocas décadas invade cada esquina gastronómica de la ciudad, no he encontrado todavía un solo lugar donde uno pueda tomar un buen café. Recuerdo que mi amigo Víctor Navarro, cuando vino a visitarme a Hamburgo, observó que el mejor café que uno puede beber en estos países – él había vivido en Dinamarca –  era el capuccino. El café solo o espresso está dotado de una amargura insípida, muy a juego, por cierto, con el país (esto no lo decía él). No me puedo explicar cómo el capuccino logra superar la prueba. Tal vez se deba a una equilibrada combinación con la espuma de la leche – cuando la hacen bien y no vierten antes un litro de leche caliente -, o al azúcar que debo echarle para compensar la insipidez.

Decía que todavía no había encontrado un lugar donde tomar un buen café. Exagero. En verdad hay uno. Y si me aprietan, dos. El mejor se puede encontrar en el Café Freiraum – en el barrio de Glockenbach – que pese a tener un nombre tan alemán, se trata de un café restaurante argentino. Su dueño lleva afincado más de veinte años en la capital bávara. Los platos son receta de su esposa Norma. La carta es muy sobria: consta de unos pocos entrantes y platos principales, lo que es buena señal. La carne – dicen – la traen de Argentina. Como los vinos. Y el café es fabuloso. Hace tiempo que no voy al Café Freiraum. La última vez, creo recordar, me tomé dos cafés después de una cena frugal con dos copas de vino. Llevaba un tiempo sin tomar un buen café, con el paladar descompuesto y en proceso de retirada. Ese café le devolvió la vida y a mí el ánimo, por lo que me tomé dos, a lo que no estoy acostumbrado, y me fui como una moto por los bares del barrio. Vaya noche.

Los alemanes tienen un problema con la bebida y la comida. Sólo entienden estas por cantidades y precios. La calidad va a peso. Y cuanto más y más barato, mejor calidad. Recuerdo la observación de Sebastian Haffner en La vida de los paseantes, donde establece una comparación entre el paladar francés y el alemán. Partamos que este último es algo cuya existencia, como la de Dios, hay que poner entre interrogantes (para sacar de apuros a los alemanes, que andan preocupados por eso, se podría parafrasear así aquella campaña del autobús ateo: “Probablemente tu paladar no exista. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”). Decía Haffner que los alemanes, a diferencia de los franceses, sólo entienden el comer como un proceso mecánico, una necesidad biológica y, cuando el trabajo aprieta, una pérdida de tiempo. También son de una tacañería inefable. Es fácil encontrarse un trabajador bien pagado de BMW comprando carne y vinos en el Aldi, que es, para que ese señor lo entienda, como comprarse un SEAT cuando era de propiedad estatal, pudiendo tener un BMW.

A pesar de todo, Múnich es una ciudad muy rica en variedad gastronómica y en cafés. Abundan especialmente los restaurantes italianos y los bávaros. Éstos últimos son la expresión magnífica a lo que me refiero cuando digo que la calidad se mide por el peso: el tradicional codillo de cerdo, que nunca me ha dejado de parecer un plato insulso y vulgar, se debe acompañar con una Weissbier o cerveza de trigo. El efecto es demoledor, pues arrasa con el paladar y ya de paso con el estómago. La combinación provoca en el estómago un nudo de digestión gordiana. Para un alemán es insuperable: cumple rápidamente su función (llena el estómago y por mucho tiempo) y es económico. La manifestación perfecta de la eficiencia alemana.

A los alemanes, en definitiva, y para que lo podamos comprender, les pasa con la comida lo mismo que a los españoles con los tan sacralizados productos culturales. No están dispuestos a gastarse un duro por ellos, por lo que la calidad es una mierda. La diferencia es que los alemanes no son tan exigentes y se conforman con poco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: