¿Cuán democrático es el voto de los afiliados en los partidos políticos?

Nunca hasta ahora habían tenido las bases de un partido tanto poder sobre el futuro político de un país como las del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) sobre el futuro político de Alemania. El pasado miércoles 27 de noviembre la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller Angela Merkel y su partido hermano la Unión Social Cristiana (CSU) de Baviera sellaron un pacto de gobierno con el SPD. El texto, de 185 páginas, fue el resultado de cinco semanas de negociaciones entre los diferentes representantes de los tres partidos, distribuidos en grupos de trabajo según la temática.

La última palabra sobre el pacto, no obstante, la tendrán los afiliados socialdemócratas. Así lo anunció su presidente, Sigmar Gabriel, tras los resultados de las elecciones celebradas el 22 de septiembre: “Cada uno en el SPD ha de cargar con la misma responsabilidad. Cada uno en el SPD ha de actuar como actuaría la presidencia. Toda la responsabilidad debe yacer por tanto en cada afiliado del SPD”.

A la consulta están convocados los 474.820 afiliados del SPD, que tendrán de plazo hasta el 12 de diciembre para presentar su voto. La dirección del partido exige una cuota mínima de participación de 94.000 afiliados. No será hasta el 14 de diciembre -casi tres meses después de las elecciones- cuando se conozcan los resultados, es decir, cuando se sepa si se formará el tercer gobierno de gran coalición de la historia de la República Federal Alemana.

Mayor democracia interna, mayor legitimidad

La consulta a los afiliados socialdemócratas resulta una novedad en la democratización interna de un partido político. “Desde hace tiempo, los partidos experimentan con la votación de los afiliados para cuestiones muy concretas y de personal, pero para la formación de un gobierno de coalición resulta una innovación absoluta”, destaca Niko Switek, investigador en ciencias políticas de la NRW School of Governance de la Universidad de Duisburgo.

“La pregunta a los afiliados responde a un mandato de la Constitución que exige democracia interna a los partidos”, destaca el catedrático de Ciencia Política Stefan Marschall desde la Universidad de Düsseldorf. El profesor Marschall hace referencia al artículo 21 de la Constitución alemana que establece que el “ordenamiento interno [de los partidos] debe estar regido por principios democráticos”. La ley de partidos de 1967 profundizó en el precepto constitucional: “Todos los afiliados del partido tienen el mismo derecho a voto. La toma de decisiones del partido tiene lugar a través de la mayoría”. No obstante, las élites de los partidos alemanes -como la de sus homólogos europeos- han sido reacias a someter a votación entre los afiliados las decisiones fundamentales.

Tanto el profesor Marschall como el investigador Switek enfatizan el carácter legitimador de la consulta y sus efectos movilizadores. “La ventaja del plebiscito es que se da una legitimación más amplia al pacto de coalición; al menos, desde uno de los partidos”, subraya el profesor Marschall. “Y además”, añade, “la afiliación al partido se hace más interesante. Esto puede tener efectos movilizadores, esto es, que más gente se interese en participar en los partidos políticos”.

El fin de la oligarquía de partido

En corregir la carencia de participación interna en la toma de decisiones se han ocupado las dos grandes formaciones políticas en los últimos años con el fin de despertar el atractivo frente a la sociedad. Tanto la CDU-CSU y el SPD han aumentado su oferta de participación entre los afiliados: la elección directa de determinados candidatos (sobre todo locales, o en el caso de los Verdes, de los candidatos a las elecciones generales) o la votación sobre cuestiones programáticas son las formas que gradualmente se han ido introduciendo. En 1993, tras la dimisión de su presidente, las bases del SPD eligieron a su sucesor, Gerhard Schröder, mediante voto directo. Otro elemento democratizador que se está ensayando es la participación de los no afiliados. En la campaña electoral para las elecciones generales de 2013, todos los partidos se han esforzado en involucrar a través de congresos y demás eventos a sus afiliados y no afiliados en la elaboración de sus respectivos programas electorales.

Sin embargo, pese a todas las vías de participación que los partidos actuales presentan, cada vez son menos los miembros que acuden a las asambleas. En Alemania se estima en un 10% los afiliados que lo hacen. El número de “activistas” es tan bajo que los partidos deben recurrir a la “profesionalización” de estos para que los procesos de elección y gestión sean “más efectivos”. Cómo advirtió el sociólogo y diputado socialdemócrata Ulrich Lohmar en los años cincuenta, la asamblea de los partidos como lugar de formación de la opinión ha perdido su significado: los ciudadanos se informan a través de los medios de comunicación. Los “funcionarios” de partido, aquellos representantes que hacían de correa de transmisión entre las bases y los líderes, han perdido influencia y poder. La organización jerárquica y centralista de los partidos en el siglo XXI se ha ido transformado en los últimos años en una organización fragmentaria e incluso anárquica desde la base.

Lejos quedan, por tanto, los análisis que el sociólogo y miembro del SPD Robert Mitchels expuso en 1911 en su obra Los partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna. Como el título indica -y tomando como ejemplo el mismo partido donde militaba y que un siglo después propone una consulta decisiva entre sus afiliados- Mitchels definió a los partidos políticos -y por extensión, a la democracia representativa- como estructuras oligárquicas con pretensiones democráticas, donde el dominio de los elegidos se impone sobre los electores. Mitchels, sin embargo, no tuvo entonces en cuenta qué ocurre cuando el dominio de una minoría de electores se impone sobre la mayoría de los electores y los eligidos.

La consulta protestada

El plebiscito en el SPD ha sido reprobado no sólo desde la CDU-CSU -que, razonablemente, teme sufrir un revés que haga prolongar todavía más la formación de un gobierno o incluso fuerce la convocatoria de nuevas elecciones-, sino también entre algunos afiliados socialdemócratas. Helge Sturmfels, miembro activo del SPD en Baviera, considera un gran avance en la democracia interna de los partidos que se consulte a sus afiliados y se promueva así su participación en las decisiones fundamentales. Sin embargo, no considera justo que la formación del próximo gobierno alemán dependa de los afiliados socialdemócratas. “11,2 millones de electores han dado su voto al SPD, ¿y ahora son 94.000 afiliados socialdemócratas los que tienen el poder de decidir sobre la formación del gobierno?”, se pregunta Sturmfels. Y enfatiza: “¿Y qué pasa con los otros 11,1 millones de electores, sin los cuales el SPD no tendría que preguntar a sus miembros, ya que el SPD no estaría en el parlamento si tantos votantes no les hubieran votado? Aun cuando votaran los 470.000 afiliados, me parecería injusto”.

Sturmfels no sabe todavía si participará en la consulta , “aunque al final”, reconoce, “uno tiene la tentación de jugar a ser dios”. Su opinión crítica también ha encontrado eco en las esferas más altas del partido. El senador de la ciudad-Estado de Hamburgo, Michael Neumann, del SPD, advertía esta semana que “demasiada democracia interna puede hacer daño”. “No es justo”, agregaba, “que los afiliados de un partido elijan sobre la formación de un gobierno que ha de gobernar a 80 millones de alemanes”. Dos ex alcaldes del SPD de la ciudad hanseática tampoco han escondido su desacuerdo con el plebiscito: “En preguntas locales o en pequeños grupos tiene sentido la democracia de base en un partido. Pero no para temas de política federal o temas que incumben a toda la sociedad. Por eso considero que tienen poco sentido el voto de los afiliados del SPD sobre el pacto de coalición con la Unión [Demócrata Cristiana]”, ha criticado Klaus von Dohnanyi. “La planeada consulta a las bases es problemática”, se sumaba el ex alcalde Henning Voscherau al coro de voces críticas en el SPD.

El politólogo Joachim Raschke, catedrático emérito de Ciencia Política de la Universidad de Hamburgo y reconocido ensayista y asesor político, señala que la consulta a los afiliados sólo pone en evidencia la debilidad de sus líderes. “Un partido necesita un liderazgo fuerte y no delegar su responsabilidad a las bases del partido”, señala el politólogo. Para éste, el voto de los afiliados es una tentación para los líderes de un partido: para los fuertes, porque la consulta cortocircuita, con la ayuda de las bases, los elementos más activos, especialmente cuando les hacen frente. Para los líderes débiles, porque de esta manera el conflicto y la responsabilidad recae en el lado de los afiliados. Y destaca en referencia a los líderes del SPD: “Lo que no pueden hacer es esconderse debajo del ala de los afiliados”, como hace Sigmar Gabriel. Además, este politólogo afirma, en contra de la opinión mayoritaria, que instrumentos aparentemente democratizadores como la consulta a los afiliados minan el activismo. “Si un tipo desde el salón de su casa sólo con poner una cruz puede tener la misma influencia que otro que se rompe la espalda tardes, fines de semana y meses de lucha electoral, ¿por qué debería uno ser más activo en un partido?”.

Raschke considera una farsa esta consulta, y cualquier tipo de consulta a los afiliados: “El plebiscito en un partido es una maniobra decepcionante: los miembros sólo pueden dar respuestas extremadamente simples a preguntas reducidas”. Son los grupos de liderazgo en el partido los que definen las preguntas y sus alternativas, y tras las votaciones son los líderes los que vuelven a tener la palabra. “Lo que fomenta la votación de los afiliados no es la democracia, sino la ilusión de una democracia”.

El socialdemócrata Sturmfels comparte esta opinión y tacha de “dictatorial” el planteamiento de la pregunta, sobre el cual las bases no tienen ninguna influencia. “De los resultados de las últimas elecciones no se puede colegir que la gran coalición fuera lo más deseado, ni por uno ni por otros. En el parlamento los partidos de izquierda (SPD, los Verdes y La Izquierda) suman más votos que los conservadores y la dirección del SPD no ha querido consultar esta otra opción entre sus bases”. Sin embargo, y pese a sus reservas, Sturmfels se dará unos días para reflexionar sobre su voto, si es que se decide a votar. “El 8 de diciembre [cuando se celebre el congreso del partido en el que la dirección dará a conocer el pacto entre sus afiliados] me dejaré con mucho gusto convencer por el camarada Gabriel”, concluye Sturmfels, “si es que tiene argumentos”.

Publicado el 1 de diciembre en Crónica Global.

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