Preparativos navideños

Este viernes tuvo lugar en Berlín el primer sondeo entre democristianos y socialdemócratas para formar un gobierno de gran coalición. Tras una reunión de apenas tres horas, quedaron en volver a encontrarse el próximo 14 de octubre. La cita acabó con sonrisas, según declararon los representantes de ambas partes, o de las tres, si tenemos en cuenta que por el lado de los democristianos concurren dos partidos, también con sus discrepancias: la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller Merkel y la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), del soberano Horst Seehofer.

Esta primera reunión fue un pose para la galería. En ella se enfatizó los puntos de encuentro. Por citar algunos, la política de pensiones, un mayor control del precio de los alquileres de viviendas (no iba a ser menos: Merkel le copió la iniciativa a los socialdemócratas) y la corrección de la política de cambio energético. Podría haber incluso un compromiso en la introducción del salario mínimo interprofesional, informaba este viernes el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ). Alemania carece de un salario mínimo a diferencia de otros países industrializados como EE UU, Francia, Luxemburgo, Reino Unido o España. La fijación de los salarios depende del convenio colectivo de cada sector de la economía. Sin embargo, hay sectores que carecen de tal convenio, especialmente en servicios de mano de obra poco cualificada. Ahí abundan trabajos mal pagados. El gobierno regional de Turingia presentó hace un año en el Senado un proyecto de ley para acercar ambas posiciones (hasta ahora con poco éxito). Según el borrador, el Ministerio de Trabajo decidiría en una comisión con representantes de la patronal y de los trabajadores un salario mínimo federal para todos los sectores y todas las regiones. Cualquier alza salarial se decidiría anualmente el 31 de agosto a más tardar. Este podría ser el punto de arranque para acercar la posición de los socialdemócratas – que quieren introducir un salario mínimo de 8,5 euros por hora en toda Alemania – y los democristianos, que prefieren dejar las cosas como están.

La política fiscal es de momento una incógnita. Tras las declaraciones abiertas a una subida de impuestos del ministro de Finanzas Schäuble (luego se retractó alegando que el estado tiene suficientes ingresos), la única declaración más o menos oficial de los democristianos es que no va a haber ninguna subida de impuestos. Der Spiegel trae esta semana un reportaje sobre un posible acuerdo entre ambas partes. Ambos partidos prometen en sus respectivos programas un aumento de las pensiones y de las ayudas a la dependencia. Esto requeriría un aumento de los ingresos fiscales. Las vías a explorar serían la introducción de un peaje en las autovías y un aumento del impuesto de sucesiones y de compensación. Incluso una subida del IVA sería posible. En la última gran coalición (2005-2009), los socialdemócratas propusieron aumentar los impuestos a las rentas más altas, como ahora. La solución – la más fácil – fue un aumento del IVA en tres puntos (del 16 al 19 por ciento); una medida, por cierto, poco socialdemócrata, ya que el IVA es un impuesto regresivo: penaliza de igual forma a todos los contribuyentes, independientemente de su riqueza. Según el semanario hamburgués, la propuesta de los socialdemócratas de aumentar el impuesto en el último tramo de la renta aportaría al estado unos ingresos adicionales de entre tres y cuatro mil millones de euros. Insuficiente para aumentar la ayuda social a jubilados y dependientes. Aunque ahí no acaba el Estado del bienestar: más inversión en educación e infrastructuras, la financiación de los Länder – diez de los dieciséis están en números rojos – y otras promesas electorales como el aumento de la pensión para madres cuyos hijos hayan nacido antes de 1992 van a requerir un poco de imaginación fiscal.

Hasta aquí, las discrepancias. Al menos, las programáticas. La decisión final de los socialdemócratas, sin embargo, se sometará a las bases del partido. No va a ser fácil: el SPD de Renania del Norte-Westfalia, con su presidenta Hannelore Kraft a la cabeza, prefiere que el partido se quede en la oposición. Algunos de sus miembros tienen sus razones. Si no de peso, sí dignas de preocupación: “Entonces el Sr. Gysi [el candidato de la Izquierda, el tercer partido más votado] hará de jefe de la oposición. ¿Qué hará ese con nuestro país?”

Una alternativa real

Los democristianos de Merkel van a jugar a dos bandas. El próximo jueves 10 de octubre se reunirán con los Verdes. Con estos les alejan más temas. La mayor fricción, no obstante, viene de la relación Verdes-CSU. Sin embargo, Seehofer, el presidente bávaro y representante de los socialcristianos, ha reconocido esta semana que hay verdes con los que se puede hablar. Seehofer hacía referencia a su colega de Baden-Wurtemberg, Winfried Kretschmann, la principal voz crítica contra la deriva socialdemócrata de su partido durante la campaña electoral. Aun así, Seehofer es partidario de una gran coalición con los socialdemócratas. No es una opinión mayoritaria en su partido. Esta semana, durante la fiesta de la cerveza en Múnich (la famosa Oktoberfest), aproveché para sondear la opinión de algunos miembros y simpatizantes de los socialcristianos. En contraste con su jefe de partido, las personas a la que consulté preferían una coalición con los Verdes. Los consultados no eran una muestra representativa, pero no dejó de sorprenderme la ingenuidad y el sesgo con el que enfocaban el tema. Ambos partidos, decían, congeniarían bien. La mezcla sería enriquecedora: los democristianos se dedicarían a la economía y los Verdes a la ecología; quizá una versión moderna de la relación tradicional entre sexos: el hombre trabaja y la mujer se encarga de las tareas del hogar. Un encaje, para estos tiempos, bastante forzado: este año, con la oposición de los Verdes, Merkel frenó, a petición de la poderosa industria del automóvil, la ejecución de una directiva europea para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Y es que a veces, mercado y ecología no casan bien. Además, los democristianos planean, con el desacuerdo de los Verdes, cambios en la política de cambio energético para frenar el aumento del precio de la luz.

Pese a estas discrepancias, la inclinación hacia un pacto con los ecologistas parece cobrar cada vez más adeptos entre los democristianos. Y ya no sólo por parte de algunos de sus barones territoriales. El secretario general del partido, Hermann Gröhe, reconocía como “alternativa real” un pacto con los ecologistas. Aunque para valorar esto último habrá que esperar a la semana que viene y a las que vienen, si nos atenemos a la advertencia de algunos políticos de Berlín: el próximo gobierno alemán no se formará antes de las Navidades.

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