Archivos Mensuales: octubre 2013

Los socialdemócratas alemanes apuestan por la gran coalición con Merkel

El “póquer de la coalición” – como han bautizado los medios alemanes a las conversaciones, por un lado, entre la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y su partido hermano la Unión Social Cristiana (CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD) y, por el otro, entre la CDU/CSU y los Verdes para formar gobierno – parece haber llegado a su fin cuatro semanas después de las elecciones generales. Tras la negativa de los Verdes para formar gobierno con los democristianos liderados por la canciller Angela Merkel y los socialcristianos del ministro-presidente Horst Seehofer de Baviera, ha llegado el momento de los socialdemócratas. Los más de 200 delegados reunidos en la convención del partido celebrada este domingo en Berlín han votado mayoritariamente a favor del inicio de las negociaciones con la CDU/CSU para formar lo que será el tercer gobierno de gran coalición desde la fundación de la República Federal Alemana después de la II Guerra Mundial.

El próximo miércoles se reunirán los democristianos y socialdemócratas para negociar el pacto de gobierno. Los segundos se presentarán con una lista de diez demandas aprobadas en la convención del partido, como la introducción de un salario mínimo de 8,5 euros por hora, la posibilidad de la doble nacionalidad – hasta ahora, los hijos de inmigrantes nacidos en Alemania deben elegir entre la nacionalidad de sus padres y la alemana entre los 18 y los 23 años -, una nueva regulación para favorecer la presencia de mujeres en los altos puestos ejecutivos, el establecimiento de un impuesto sobre las transacciones financieras y la creación de un programa de crecimiento para Europa con hincapié en combatir el desempleo juvenil.

Lo que les une

La CDU/CSU y SPD se han reunido dos veces esta semana. El lunes pasado quedó de manifiesto que la socialdemócrata Hannelore Kraft, ministra-presidenta de Renania del Norte-Westfalia e inicialmente contraria a un gobierno de gran coalición, no torpedearía un futuro acuerdo con los democristianos. El miércoles, la reunión fue al más alto e íntimo nivel: Angela Merkel (CDU), Horst Seehofer (CSU) y Sigmar Gabriel (SPD).  La prensa alemana señala el respeto mutua que se profesan el ministro-presidente bávaro y el secretario general socialdemócrata, los dos principales padrinos de una gran coalición (véase, por ejemplo, el diario muniqués Süddeusche Zeitung de este sábado). De estas primeras reuniones no ha salido ningún borrador de pacto. Todo, o casi todo, es negociable. Salvo un punto: la introducción de un salario mínimo interprofesional. Es la principal condición de los socialdemócratas para formar gobierno. Los democristianos han cedido. Al menos, en la forma. Seehofer fue claro por lacónico al salir de la reunión cuando los periodistas le preguntaron al respecto: “Está bien”. El cómo se implemente – si por decreto gubernamental; si a través de una comisión donde esté representados la patronal, los sindicatos e incluso expertos, etc., – será probablemente el principal punto de controversia durante las negociaciones. Algo parece claro por ambas partes: el SPD necesita un acuerdo así, cual trofeo, para convencer a sus bases.

 A cambio, los socialdemócratas renuncian a la creación de una unión bancaria en la Unión Europa y a un aumento de los impuestos a las rentas más altas (uno de los puntos fuertes de su programa electoral), aunque la política fiscal no dejará de ser un caballo de batalla. La CDU/CSU mantiene que con el actual nivel de ingresos no es necesario un aumento de impuestos para llevar a cabo las reformas prometidas (incremento de las pensiones y de las ayudas a la dependencia, más inversión en infraestructura y educación). Los socialdemócratas, sin embargo, son de la opinión opuesta. Más allá de estas divergencias, ambos partidos deberán ponerse de acuerdo en política fiscal. En 2019 entra en vigor la nueva ley federal por la que los estados federados o Länder tendrán prohibido endeudarse. Además, expirará el Pacto de Solidaridad por el que la antigua Alemana del Este recibía dinero de la Alemania del Oeste. Hará falta mucha imaginación fiscal, teniendo en cuenta que en la actualidad diez de los dieséis estados están en números rojos y que los estados federados del Este son financieramente insostenibles.

El acuerdo de gobierno se espera sellar antes de las Navidades. Ahora bien, como ya advirtió el secretario general del SPD, serán las bases del partido las que tengan que autorizar el pacto con la CDU/CSU. En 470 000 militantes socialdemócratas quedará la decisión de formar el próximo gobierno alemán. Aunque apurando, la decisión podría recaer en 90 000 militantes socialdemócratas, que es la cuota mínima de votación que prescriben los estatutos del partido. La CDU/CSU, por su parte, descarta someter a sus bases un futuro pacto de gobierno con el SPD.

De la variable verde

Este martes se escenificó públicamente el desencuentro entre la CDU/CSU y los Verdes. Públicamente, porque según cuenta la prensa alemana (véanse las actuales ediciones de Der Spiegel y Die Zeit, entre otros), un posible pacto ya se había dado por imposible en el primer sondeo celebrado el jueves de la semana anterior. Los Verdes, bloqueados por sus dudas internas – este fin de semana se han reunido sus delegados para nombrar a una nueva ejectuvia -, se presentaron con un programa de máximos (subida de impuestos, salario mínimo, la entrada de Turquía en la UE, un viraje en la política europea de austeridad, una rigurosa ley de exportación de armas – Alemania es el tercer exportador mundial -, un mayor impulso al cambio energético – la CDU/CSU quiere reformar la ley -, etc.). No obstante, tras la reunión, los representantes de los Verdes – sus presidentes Cem Özdemir y Claudia Roth – señalaron un acercamiento o una “comprensión” de los democristianos a su visión verde de la sociedad alemana (por ejemplo, en una mayor conciencia contra la cría masiva de animales en granjas). Su presidente, Özdemir, llegó a asegurar en la rueda de prensa posterior: “La puerta no está clavada con grandes clavos que no se puedan sacar”. Un aviso a navegantes democristianos – y también socialdemócratas – en el caso de que el intento de formación de un gobierno de gran coalición fracase, ya sea porque en las negociaciones no se llegue a pacto alguno, ya sea porque éste lo tumben las bases socialdemócratas. Entonces, con una nueva ejecutiva, los Verde tendrían una segunda oportunidad de presentarse como alternativa real para formar gobierno. 

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A la espera de que hable Merkel

Han pasado tres semanas desde la celebración de las elecciones al parlamento alemán. La Unión Demócrata Cristiana (CDU), liderada por la canciller Angela Merkel, y la Unión Social Cristiana (CSU) de Baviera, digirada por el ministro-presidente bávaro Horst Seehofer, estuvieron a punto de lograr la mayoría absoluta. Sus antiguos socios de coalición, los liberales de la FPD, se quedaron fuera del parlamento al no superar el umbral mínimo del 5% de votos.

Este resultado ha obligado a la canciller Merkel a buscar otros socios de gobierno. Entre los candidatos: el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) y el Partido de los Verdes. La otra opción, a saber, una coalición entre socialdemócratas, verdes y La Izquierda -el tercer partido más votado, creado en 2007 tras la fusión entre los ex comunistas de la antigua Alemania del este y el ala izquierdista de los socialdemócratas- no ha valido estos días sondeo alguno: los socialdemócratas y los verdes descartaron tal posibilidad antes de las elecciones.

Alemania es una democracia de consensos y de formación de coaliciones. Desde la fundación de la República Federal Alemana (RFA) después de la Segunda Guerra Mundial, todos los gobiernos alemanes -salvo un breve periodo de 1957 a 1961, cuando la CDU/CSU del canciller Konrad Adenauer gobernó con mayoría absoluta- han sido de coalición; por lo general, con un partido menor (la FDP, por cierto, que por primera vez desde la fundación de la RFA no estará en el parlamento, es el partido que más ha repetido). En esta nueva legislatura podría formarse el tercer gobierno de gran coalición. Así, al menos, le gustaría a la mayoría de los alemanes de hacer caso a las encuestas que efectúa la televisión pública; y en esas cábalas llevan tres semanas ensimismados los más eminentes analistas del país. Sin embargo, como todo en política, lo deseable no siempre es posible, y lo probable puede acabar por imposible.

La experiencia

Objetivamente, una gran coalición entre democristianos y socialdemócratas sería la opción más fácil de conciliar. La CDU/CSU se ha vuelto con el tiempo más socialdemócrata (la canciller Merkel ha mostrado un gran talento para apropiarse de parte del programa social del SPD). Y la SPD, desde el canciller Gerhard Schröder con sus reformas liberales de la Agenda 2010, ha ido despojándose de maximalismos socialdemócratas.

Que en estas elecciones el SPD haya parecido dar un giro a la izquierda -con promesas electorales como la subida de impuestos a las rentas más altas o la introducción de un salario mínimo interprofesional- responde más bien a la ola socialdemócrata que vive el país y cuyo principal estandarte no es otro que la CDU, el partido del centro-derecha. Además, no hay que olvidar la experiencia más reciente de gran coalición (2004-2009). Ésta funcionó bien bajo el liderazgo de Merkel. Los protagonistas ya se conocen y hubo buena sintonía entre ellos.

Por último, el gobierno sería de una extraordinaria estabilidad, como desea Merkel, y de un rodillo parlamentario todavía más extraordinario: ambos partidos tendrían mayoría en el parlamento y el senado; algo que no ocurriría de darse una coalición de democristianos y verdes, que estarían en minoría en la Cámara Alta. Esto último es importante, ya que el Bundesrat puede frenar y corregir decisiones del Bundestag.

Obstáculos para una gran coalición

Más allá de desavenencias programáticas, un pacto de gobierno entre democristianos y socialdemócratas deberá ser sancionado por las bases de los segundos. Así lo anunció su secretario general, Sigmar Gabriel, tras el primer encuentro postelectoral con los representantes de su partido. La apuesta de Gabriel es atrevida: según las diferentes encuestas, las bases de su partido son contrarias a una gran coalición. Es el gran temor de los democristianos; y la última esperanza de algunos líderes socialdemócratas. De ahí que los líderes de los tres partidos (Merkel, por la CDU, Seehofer por la CSU, y Gabriel por el SPD), después de una primera reunión la semana pasada, se reunieron informalmente este viernes para preparar el segundo encuentro oficial que tendrá lugar la próxima semana. En ese encuentro, este lunes, podría decidirse el próximo gobierno de gran coalición. O simplemente, el próximo gobierno alemán, pues de fracasar el acuerdo, la otra opción serían los verdes.

El presidente de los socialdemócratas ha de conseguir un pacto con el que pueda convencer a sus bases. Aparte del tradicional reparto de ministerios (la tradición alemana apunta que el partido minoritario ocuparía la Vicepresidencia y la cartera de Exteriores; los socialdemócratas, además, piden para sí el Ministerio de Trabajo y el de Finanzas), la aprobación de un salario mínimo interprofesional en toda Alemania sería inexcusable. De esto los socialdemócratas han hecho bandera durante toda la campaña.

Alemania no tiene un salario mínimo estatalmente regulado a diferencia de otros países industrializados como EEUU, Francia, Luxemburgo, Reino Unido o España. La fijación de los salarios depende del convenio colectivo de cada sector de la economía. Sin embargo, hay sectores que carecen de tal convenio, especialmente en servicios de mano de obra poco cualificada. Ahí abundan trabajos mal pagados. Según recientes informaciones del diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, ambos partidos podrían llegar a un acuerdo.

La incógnita, sin embargo, sería la política fiscal, es decir, la subida de impuestos, otra de las principales promesas electorales de los socialdemócratas. Sin embargo, éstos estarían dispuestos a renunciar a este punto, o al menos, a descafeinarlo, según aseguraba su secretario general Sigmar Gabriel en una entrevista para el periódico más grande de Alemania, el Bild Zeitung. Aquí los democristianos no quieren ceder. La CDU/CSU asegura que el Estado no necesita subir impuestos, que con el ritmo de ingresos actuales tienen suficiente para emprender todas las reformas prometidas, por ellos -aumento de las pensiones, de la ayuda a los dependientes y al cuidado infantil- y por los socialdemócratas -reformas en la educación y en las infraestructuras-.

Por último, la otra gran oposición viene del Land o estado federado más poblado de Alemania, Renania del Norte-Westfalia. Allí gobierna el SPD bajo el liderazgo de Hannelore Kraft. Aunque Kraft ha estado presente en la primera reunión con los democristianos, su renuencia a un pacto con la CDU/CSU es pública y notoria. Kraft tiene sus motivos. Su Land es el más representado en la Cámara Alta. Desde allí, y con un gobierno de Merkel en coalición con los verdes, Kraft no tendría ninguna sombra para su proyección política de cara a las próxima elecciones de 2017, si un día se atrave a salir de la tranquilidad que reina en Renania del Norte-Westfalia, el principal bastión rojo alemán a nivel local y regional.

Además, detrás hay motivos estratégicos más allá de las ambiciones políticas de Kraft: el próximo año se celebrarán elecciones en la mayoría de los estados federales, amén de elecciones municipales y europeas. La mayoría de los estados federados está gobernada por los socialdemócratas. Algunos temen -entre ellos Kraft- que una gran coalición se levante sobre ellos como una espada de Damocles como dicen les ocurrió con el último gobierno de gran coalición. Desde entonces, la distancia entre CDU/CSU y SPD ha ido aumentando en perjuicio de los segundos.

La alternativa verde

La primera reunión esta semana de los democristianos con el Partido de los Verdes tuvo como precedente un acontecimiento que puso de relieve las diferencias entre ambos partidos: la tragedia vivida en las orillas de la isla italiana de Lampedusa, donde más de un centenar de refugiados perdieron la vida en un naufragio cuando intentaban alcanzar las costas italianas. Los verdes aprovecharon para exigir un cambio en la política de asilo: Alemania debería acoger más refugiados. Lo contrario de lo que quieren los democristianos.

A diferencia de los socialdemócratas, la mayoría de las bases verdes es favorable a un pacto con Merkel, según la última encuesta de la televisión pública alemana. Aquí ocurre lo contrario que con los socialdemócratas: mientras las bases quieren, la cúspide del partido resulta escéptica y está dividida entre los pragmáticos, representados por el ministro-presidente Winfried Kretschmann, del acaudalado Land de Baden-Wurtemberg, muy crítico con la deriva socialdemócrata regida por el candidato Jürgen Trittin, representante del ala izquierdista. Aunque hablar aquí de cúspide resulta un abuso: tras las elecciones, dimitió toda la ejecutiva en su conjunto. Los verdes negocian ahora con líderes provisionales que tendrán que ser refrendados o cambiados en el próximo congreso del partido, que se celebrará el próximo fin de semana.

Mientras tanto, el próximo martes se reunirán de nuevo con los representantes de la CDU/CSU. El encuentro de esta semana no ha revelado mucho. Las diferencias programáticas son todavía mayores en comparación con los socialdemócratas: los verdes apuestan por una política social aun más radical (una subida de impuestos que abarque un espectro social más amplio, por ejemplo) y en materia ambiental van a ser una fuerte oposición a la reforma de política energética que auspician los democristianos y los socialdemócratas para frenar la subida del precio de la luz.

Para muchos democristianos la alternativa verde resulta una alternativa real. Es más, una coalición con los verdes va ganando cada vez más adeptos entre las filas de la CDU, especialmente entre sus barones territoriales, que explorarán posibles coaliciones con aquellos de cara a las elecciones del próximo año. Si por ellos fuera, una coalición con los verdes tendría prioridad sobre los socialdemócratas. Sin embargo, el problema radica en la relación de su hermana bávara, la CSU, con los ecologistas. La CSU gobierna con mayoría absoluta en Baviera (las elecciones bávaras se celebraron una semana antes a las elecciones al Bundestag) y resulta imprescindible a la CDU para mantenerse en el poder. Aunque el líder bávaro Seehofer ha hecho esfuerzos en las dos últimas semanas para moderar su tono hacia los verdes, no ha escondido en ningún momento su preferencia por los socialdemócratas.

El problema va más allá de rivalidades personales -durante la campaña electoral, el candidato verde, Jürge Trittin, se refería a Horst Seehofer como el “crazy Horse”- o de la imagen de yupis que los sectores más conservadores de la CSU tienen de los verdes. Aquí la CSU tiene un problema estratégico parecido al de los socialdemócratas de Hannelore Kraft en Renania del Norte-Westfalia: y es que los verdes se han convertido en una alternativa amenazadora en algunos bastiones de la CSU en Baviera. No es de extrañar, como recordaba el semanario Der Spiegel esta semana, que el secretario general del partido bávaro, Alexander Dobrindt, no dejara de recordar durante la campaña bávara las opiniones en contra de la penalización de la pedofilia que algunos miembros del Partido de los Verdes -entre ellos, su candidato- sostuvieron durante la década de los setenta.

Todo parece que la posibilidad de una coalición con los verdes dependerá de los resultados de la reunión que los democristianos mantendrán el lunes con los socialdemócratas. La canciller Merkel no ha hecho hasta ahora público sus preferencias. No ha intervenido en el bullicio de declaraciones y se ha ceñido a los hechos: ha repartido tres horas de reunión con los socialdemócratas y los verdes, en pie de igualdad, fiel a su promesa de mantener las dos posibilidades abiertas. Se espera que la próxima semana -previsiblemente el miércoles, un día después a la reunión con los verdes- los democristianos decidan con qué partido proseguirán las negociaciones para formar el nuevo gobierno. Entonces, hablará Merkel. De lo contrario, en otro escenario poco deseado para la oposición, tendrán que volver a hablar las urnas. Entonces es probable que Merkel hable sola, con mayoría absoluta.

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Preparativos navideños

Este viernes tuvo lugar en Berlín el primer sondeo entre democristianos y socialdemócratas para formar un gobierno de gran coalición. Tras una reunión de apenas tres horas, quedaron en volver a encontrarse el próximo 14 de octubre. La cita acabó con sonrisas, según declararon los representantes de ambas partes, o de las tres, si tenemos en cuenta que por el lado de los democristianos concurren dos partidos, también con sus discrepancias: la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller Merkel y la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), del soberano Horst Seehofer.

Esta primera reunión fue un pose para la galería. En ella se enfatizó los puntos de encuentro. Por citar algunos, la política de pensiones, un mayor control del precio de los alquileres de viviendas (no iba a ser menos: Merkel le copió la iniciativa a los socialdemócratas) y la corrección de la política de cambio energético. Podría haber incluso un compromiso en la introducción del salario mínimo interprofesional, informaba este viernes el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ). Alemania carece de un salario mínimo a diferencia de otros países industrializados como EE UU, Francia, Luxemburgo, Reino Unido o España. La fijación de los salarios depende del convenio colectivo de cada sector de la economía. Sin embargo, hay sectores que carecen de tal convenio, especialmente en servicios de mano de obra poco cualificada. Ahí abundan trabajos mal pagados. El gobierno regional de Turingia presentó hace un año en el Senado un proyecto de ley para acercar ambas posiciones (hasta ahora con poco éxito). Según el borrador, el Ministerio de Trabajo decidiría en una comisión con representantes de la patronal y de los trabajadores un salario mínimo federal para todos los sectores y todas las regiones. Cualquier alza salarial se decidiría anualmente el 31 de agosto a más tardar. Este podría ser el punto de arranque para acercar la posición de los socialdemócratas – que quieren introducir un salario mínimo de 8,5 euros por hora en toda Alemania – y los democristianos, que prefieren dejar las cosas como están.

La política fiscal es de momento una incógnita. Tras las declaraciones abiertas a una subida de impuestos del ministro de Finanzas Schäuble (luego se retractó alegando que el estado tiene suficientes ingresos), la única declaración más o menos oficial de los democristianos es que no va a haber ninguna subida de impuestos. Der Spiegel trae esta semana un reportaje sobre un posible acuerdo entre ambas partes. Ambos partidos prometen en sus respectivos programas un aumento de las pensiones y de las ayudas a la dependencia. Esto requeriría un aumento de los ingresos fiscales. Las vías a explorar serían la introducción de un peaje en las autovías y un aumento del impuesto de sucesiones y de compensación. Incluso una subida del IVA sería posible. En la última gran coalición (2005-2009), los socialdemócratas propusieron aumentar los impuestos a las rentas más altas, como ahora. La solución – la más fácil – fue un aumento del IVA en tres puntos (del 16 al 19 por ciento); una medida, por cierto, poco socialdemócrata, ya que el IVA es un impuesto regresivo: penaliza de igual forma a todos los contribuyentes, independientemente de su riqueza. Según el semanario hamburgués, la propuesta de los socialdemócratas de aumentar el impuesto en el último tramo de la renta aportaría al estado unos ingresos adicionales de entre tres y cuatro mil millones de euros. Insuficiente para aumentar la ayuda social a jubilados y dependientes. Aunque ahí no acaba el Estado del bienestar: más inversión en educación e infrastructuras, la financiación de los Länder – diez de los dieciséis están en números rojos – y otras promesas electorales como el aumento de la pensión para madres cuyos hijos hayan nacido antes de 1992 van a requerir un poco de imaginación fiscal.

Hasta aquí, las discrepancias. Al menos, las programáticas. La decisión final de los socialdemócratas, sin embargo, se sometará a las bases del partido. No va a ser fácil: el SPD de Renania del Norte-Westfalia, con su presidenta Hannelore Kraft a la cabeza, prefiere que el partido se quede en la oposición. Algunos de sus miembros tienen sus razones. Si no de peso, sí dignas de preocupación: “Entonces el Sr. Gysi [el candidato de la Izquierda, el tercer partido más votado] hará de jefe de la oposición. ¿Qué hará ese con nuestro país?”

Una alternativa real

Los democristianos de Merkel van a jugar a dos bandas. El próximo jueves 10 de octubre se reunirán con los Verdes. Con estos les alejan más temas. La mayor fricción, no obstante, viene de la relación Verdes-CSU. Sin embargo, Seehofer, el presidente bávaro y representante de los socialcristianos, ha reconocido esta semana que hay verdes con los que se puede hablar. Seehofer hacía referencia a su colega de Baden-Wurtemberg, Winfried Kretschmann, la principal voz crítica contra la deriva socialdemócrata de su partido durante la campaña electoral. Aun así, Seehofer es partidario de una gran coalición con los socialdemócratas. No es una opinión mayoritaria en su partido. Esta semana, durante la fiesta de la cerveza en Múnich (la famosa Oktoberfest), aproveché para sondear la opinión de algunos miembros y simpatizantes de los socialcristianos. En contraste con su jefe de partido, las personas a la que consulté preferían una coalición con los Verdes. Los consultados no eran una muestra representativa, pero no dejó de sorprenderme la ingenuidad y el sesgo con el que enfocaban el tema. Ambos partidos, decían, congeniarían bien. La mezcla sería enriquecedora: los democristianos se dedicarían a la economía y los Verdes a la ecología; quizá una versión moderna de la relación tradicional entre sexos: el hombre trabaja y la mujer se encarga de las tareas del hogar. Un encaje, para estos tiempos, bastante forzado: este año, con la oposición de los Verdes, Merkel frenó, a petición de la poderosa industria del automóvil, la ejecución de una directiva europea para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Y es que a veces, mercado y ecología no casan bien. Además, los democristianos planean, con el desacuerdo de los Verdes, cambios en la política de cambio energético para frenar el aumento del precio de la luz.

Pese a estas discrepancias, la inclinación hacia un pacto con los ecologistas parece cobrar cada vez más adeptos entre los democristianos. Y ya no sólo por parte de algunos de sus barones territoriales. El secretario general del partido, Hermann Gröhe, reconocía como “alternativa real” un pacto con los ecologistas. Aunque para valorar esto último habrá que esperar a la semana que viene y a las que vienen, si nos atenemos a la advertencia de algunos políticos de Berlín: el próximo gobierno alemán no se formará antes de las Navidades.