La democracia en Alemania

Alemania es una democracia “centrista, de consensos” y de “formación de coaliciones”, la describe Timothy Garton Ash en un artículo en El País. El día siguiente a las elecciones, la canciller Angela Merkel advirtió que no habría líneas rojas de negociación. Y en una muestra de acercamiento, su ministro de Finanzas, Schäuble, europeísta insobornable, señaló al semanario Die Zeit que su partido estaría dispuesto a negociar una subida de impuestos, como se comprometieron los socialdemócratas de la SPD y los Verdes en sus respectivos programas electorales.

Los periódicos alemanes han mostrado, en un ejemplo intachable de periodismo, las líneas objetivas de encuentro y desencuentro entre las dos posibles coaliciones. Objetivamente, una gran coalición entre democristianos y socialdemócratas sería la más posible, que no por ello la más probable. Los Verdes, no obstante, con un programa más escorado a la izquierda que el SPD y con demandas medioambientales más exigentes, han dado la mayor muestra posible de aproximación con la dimisión de su cúpula al completo.

Todavía no se sabe qué gobierno saldrá de un proceso que puede ser juzgado de tortugoso – una atributo poco derogativo en una democracia – y que sin duda es indicador de la buena salud de una democracia poco polarizada. No deja de sorprender, sin embargo, que se hable de un gobierno de gran coalición en las circunstancias de estabilidad política y económica que se encuentra el país. Así están, por el momento, las distintas posiciones:

Los socialdemócratas

Este viernes se reunieron 200 delegados en la convención del partido en Berlín. De ahí surgió la decisión de que fueran sus bases quienes se pronunciaran. La división en el seno del partido es clara. No sólo por motivos estratégicos o de responsabilidad política hacia el país. El SPD tiene un problema aun mayor: desde que el ex canciller Gerhard Schröder fuera derrotado en las elecciones de 2005 por Angela Merkel, los socialdemócratas no han encontrado el norte. No es que teman ser devorados por Merkel; temen ser devorados por sus propios votantes.

Una parte importante de la cúspide del partido apuesta por una gran coalición. Es el caso inequívoco de su secretario general, Sigmar Gabriel. Peer Steinbrück, que durante la campaña se había opuesto a un pacto con los democristianos, ha despejado el camino este viernes al anunciar su despedida. La oposición más fuerte una gran coalición proviene ahora de Hannelore Kraft, la ministra-presidente de Renania del Norte-Westfalia. Kraft podría ser en un futuro la candidata de los socialdemócratas al gobierno federal, si un día se atrave a salir de la tranquilidad que reina en su Bundesland o estado federal, en donde todo es más fácil para el SPD. Renania del Norte-Westfalia no es sólo el Land más poblado de Alemania; se trata del principal bastión rojo a nivel local y regional. El próximo año se celebrarán elecciones en la mayoría de los estados federales, además de elecciones municipales y europeas. La mayoría de los Bundesländer está gobernada por los socialdemócratas. Algunos temen, entre ellos Kraft, que una gran coalición les haga perder votos.

El temor está estratégicamente fundado, pero infravalora al votante alemán y, sobre todo, al candidato socialdemócrata. Esta semana hablaba con un militante del SPD que forma parte del ala más izquierdista del partido. Este militante está tan convencido de que el SPD ha de mantenerse fiel a su tradición obrera que en las pasadas elecciones le dio el primer voto a La Izquierda. Él apuesta por un gobierno de gran coalición y cree sensato que el SPD ceda en muchos aspectos de su programa por motivos obvios: los democristianos han logrado casi el 42% de los votos y el SPD sólo el 26%.

Los Verdes

El partido ecologista está inmerso en una lucha de poder tras la dimisión, el pasado lunes, de su ejecutiva federal. Los resultados de las elecciones han sido bastante decepcionantes. Este sábado el partido se ha reunido en Berlín y ha anunciado que negociará con los democristianos, los socialdemócratas y la Izquierda. Este último partido no es una opción banal: aunque improbable, una coalición SPD-Verdes-La Izquierda sería siempre posible. De quererlo el primero.

Es difícil negociar con un partido decapitado. No será hasta el fin de semana del 19-20 de octubre cuando se sepa quienes van a formar la nueva ejecutiva del partido. De momento, toda la información disponible son las declaracioens de algunos líderes regionales del partido, que no han escondido su interés por una coalición con los democristianos. Entre ellos el influyente ministro-presidente de Baden-Wurtemberg, Winfried Kretschmann, quien esta semana ha criticado duramente al candidato ecologista, Jürgen Trittin, por escorar el partido hacia la izquierda.

Los Verdes no van a ser fáciles para los democristianos. Así lo ha advertido el actual jefe del partido, Cem Özdemir, en una entrevista para Spiegel Online: “Veo pocas oportunidades, y no sólo porque las diferencias de contenido sean tan grandes. La Unión (por los democristianos) no tienen un concepto financiero sostenible; y para la solución de un problema que han creado ellos nos han hecho responsables al SPD y a los Verdes. Pero no va a bastar si quieren hablar con nosotros sobre un aumento de los impuestos. Se trata también del cambio energético, la protección del clima, las infraestructuras, la educación, los derechos civiles… ¿Cómo podemos así llegar a un punto de encuentro? La Unión fue nuestro principal oponente en estas elecciones. Esto ha tenido su razón. Y mire usted, cómo la CSU (la Unión Social Cristiana de Baviera) se ha dirigido a nosotros y cómo se dirige”. Van a tener que cortar muchas cabezas en los Verdes para hacer posible un pacto con los democristianos. De momento, ya ha caído la de su candidato, que durante la campaña se dirigía al presidente bávaro, Horst Seehofer, como el “crazy Horse“.

Los democristianos y los bávaros

Una de las voces más oídas esta semana ha sido la del presidente bávaro Horst Seehofer. Seehofer preside la omnipotente Unión Social Cristiana de Baviera (CSU). Es, sin duda, el barón regional más poderoso de los democristianos. Y de seguir este rumbo, el primer partido con el que tendrá que negociar Merkel. Seehofer quiere una gran coalición con los socialdemócratas. Está tan impaciente que en una entrevista que se publica este domingo en el periódico más grande de Alemania, el Bild, ha reñido a los líderes socialdemócratas por ceder la decisión a las bases.

La política fiscal puede ser la principal concesión de los democristianos en una futura coalición con socialdemócratas o Verdes. Así lo ha propuesto el secretario general de la CDU, Hermann Gröhe, en conversaciones internas en la sede del partido, según informaba este jueves el Bild. El mismo Gröhe lo negaba a las pocas horas de conocerse la filtración. Este tema divide al partido y tiene la fuerte oposición de su hermano bávaro. “Con la CSU no va a haber ninguna subida de impuestos”, ha amenazado el ministro bávaro de Finanzas, Markus Söder.

Merkel, fiel a su estilo, no se ha pronunciado. La canciller es una persona de hechos y ha preferido situarse a un lado del torbellino de declaraciones, filtraciones y rumores que ha circulado esta primera semana postelectoral. Alemania, con su canciller a la cabeza, es un país donde las decisiones se toman de forma muy lenta. Los socialdemócratas han pedido tiempo, los Verdes tienen que ordenar primero la casa y la CDU va a tener que negociar primero con su allegado católico.

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