Las posibles Merkel

Ayer el nuevo periódico digital Crónica Global me publicó un análisis sobre el resultado de las elecciones generales en Alemania. Su redactor, Dani Tercero, me pidió una pieza en clave europea, sin entrar en política interna. Era un análisis apresurado, sin conocer todavía los resultados, partiendo por tanto de los sondeos a pie de urnas. Para entonces, sobre las ocho de la noche, se preveía que la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Angela Merkel no iba alcanzar por poco la mayoría absoluta, sus socios liberales de la FDP se quedarían fuera del Parlamento, y el partido euroescépito Alternativa para Alemania (AfD) no lograría entrar por poco. Los medios en Alemania ya empezaban a hablar de una gran coalición entre democristianas y socialdemócratas. Sobre esas premisas escribí el análisis. Cuando a eso de las diez de la noche se lo entregué a Dani Tercero, me respondió socarrón, después de publicarlo: “Ahora a esperar a que Merkel no logre la mayoría absoluta”.

Es difícil hacer una lectura europea de los resultados. La campaña ha girado sobre temas de política nacional como la política familiar, la aprobación de un salario mínimo interprofesional o la política fiscal. Europa era un tema indeseado por los dos grandes partidos (si es que todavía se puede hablar de dos grandes partidos y no sólo de uno). El inminente tercer rescate a Grecia incomodaba (e incomoda) a Merkel (mientras su ministro de finanzas, Schäuble, trabaja en él entre bastidores); y los socialdemócratas no querían dejar tan claro su apoyo a la creación de un fondo de deuda común para aligerar a los países europeos más endeudados. Ambos puntos dividen a los alemanes, por lo que ambos partidos tenían mucho que perder. De alguna forma, parecía haber un pacto tácito de no agresión so pena de una destrucción mutua asegurada. El duelo televisivo entre Merkel y Steinbrück manifestó claramente lo embarazoso del asunto europeo para ambos. Si hay algo que a estas alturas queda más o menos claro es que si no se materializa un acuerdo de gran coalición entre ambos partidos no será precisamente por la política hacia el euro, donde tienen más cosas en común por lo mucho que pueden perder. Sobre todo los socialdemócratas.

Este lunes han empezado las quinielas. Muchos democristianos no han escondido su preferencia por los socialdemócratas, aunque la canciller no descarta conversaciones con otros grupos parlamentarios, léase, los Verdes, como le piden algunos barones regionales. Merkel quiere sellar un acuerdo rápido, de entrada no quiere hablar de líneas rojas, y ha respetado a los socialdemócratas, que hasta el próximo viernes no harán pública una decisión, en sus dudas hamletianas. No obstante, sobre ellos cae no sólo el peso de la responsabilidad (por eso de primero el país y luego el partido, una tesitura que de encontrarse en España o Italia se habría resuelto rápidamente inviertiendo ambos términos); sino el órdago que les ha lanzado Merkel. La canciller no piensa gobernar en minoría, lo que se ha entendido como sigue: de no encontrar un socio, convocará nuevas elecciones. Este escenario sería la pesadilla para socialdemócratas, Verdes y toda la tropa Anti-Merkel: Merkel no sólo amenaza con conseguir la mayoría absoluta, sino con dejar fuera del parlamento a toda la oposición.

El Süddeutsche Zeitung y el Frankfurter Allgemeine Zeitung – por citar dos periódicos en las antípodas ideológicas – han presentado sendos análisis objetivos sobre las posibles coaliciones (aquí y aquí, para quien sepa alemán). Los socialdemócratas resultarían el socio más cómodo. El presidente bávaro de la dinastía de la CSU bávara, Horts Seehofer, y el portavoz parlamentario, Volker Kauder, no han tardado en manifestar esta preferencia. No es que ambos ambos programas electorales sean más fácil de conciliar, especialmente por la capacidad de la canciller de hacer suyo parte del programa social de la SPD. La experiencia pasada, la gran coalición de 2005-2009, benefició a los democristianos del mismo modo que perjudicó a los socialdemócratas, que desde entonces no levantan cabeza. Con los Verdes se presenta el pacto más difícil. Y aquí el problema no sólo es programático; la experiencia en Hamburgo y el Sarre, donde gobernaron en coalicón, tampoco es buen aval. En esta campaña los Verdes se han posicionado a la izquierda de los socialdemócratas. Si éstos pedían una subida de impuestos en el último tramo de la renta, los Verdes no sólo proponían lo mismo, sino que el umbral lo situaban en 80.000 Euros en lugar de los 100.000 Euros del SPD. Quede claro que la CDU no va a transigir con ninguno. Pero por encima de todo queda la política energética. Los Verdes no quieren oír hablar de cambios en la ley de energías renovables, mientras que la CDU y el SPD abogan por una reforma para poner freno al precio de la luz.

En este estrategia de las posibles coaliciones hay una pieza que trasciende las fronteras ideológicas para entrar de lleno en las territoriales. Si el lector está cansado, debería abandonar ahora mismo e irse directo a la última línea de este post o bien a la cama, pues lo que viene a continuación pertenece a un nivel de análisis que muchos medios españoles han preferido eludir. Ayer se celebraron las elecciones en Hessen, uno de los Länder más ricos de la república. No en balde forma parte del club selecto de los tres Länder que contribuyen netamente a los fondos de cohesión regionales (los otros dos son Baviera y Baden-Wurtemberg). Los resultados electorales en este Land son tan inciertos como los del Bundestag. La CDU ha ganado, pero no por mayoría absoluta y ahora se debate entre una gran coalición con el SPD, una coalición con los Verdes o quedarse en la oposición de darse una coalición entre el SPD, los Verdes y la Izquierda. La repercusión se llama Senado o Bundesrat, la Cámara de Representación de los Länder, con capacidad de bloquear las decisiones del parlamento que conciernen a la política territorial. Ahora mismo, los democristianos están en minoría. El SPD, los Verdes y la Izquierda suman 36 escaños sobre 69. De darse una gran coalición en Hesse entre CDU y SPD, la distribución en el Senado cambiaría. Ambos partidos pasarían de 27 senadores en la actualidad a sumar 32. Con el apoyo de los liberales de la FDP, todavía presentes en la Cámara Alta, tendrían mayoría. De coaligarse en Hesse el SPD con los Verdes y la Izquierda aumentaría su mayoría en el Senado (41 escaños de 69), pero haría la vida más difícil en el Parlamento a una coalición CDU-SPD o CDU-Verdes, amén de acentuar las contradicciones en el seno del partido que se coaligara con la CDU. La tercera alternativa en Hesse, a saber, una coalición entre la CDU y los Verdes los dejaría en minoría en el Senado. En suma, una gran coalición CDU-SPD en Hesse y en el Gobierno federal pasa por ser la opción más factible, sobre todo, para el primero. 

Por último, cualquier observaor perspicaz se habrá dado cuenta que Europa, en todo esto, no cuenta nada.

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