Así, Baviera

(Al muniqués Jordi Orts)

Esta mañana oía en la radio bávara unas declaraciones del presidente de la región, Horst Seehofer, de la Unión Social Cristiana (CSU). “Baviera es una isla de estabilidad en el mundo”, declaraba con el acostumbrado orgullo regional. Y sentenciaba, para más orgullo bávaro: “Alemania es una isla de estabilidad en el mundo; pero Baviera lo es más”. A muchos alemanes, incluso a los bávaros más patriotas, no les deja de sonar arrogante tales declaraciones, que caen con facilidad de la boca de cualquier prohombre de la región. Incluso el candidato socialdemócrata, el carismático Christian Ude, actual alcalde de Múnich, reconocía esta semana en una entrevista para la radio pública de la región que en “Baviera la situación económica es muy buena”. No es de extrañar que muchos españoles que vienen a probar suerte a Alemania elijan como principal lugar de destino la folclórica Baviera por encima de la sexy Berlín. Sólo hay que ir a los datos: el paro de la región se sitúa en el (¡y los liberales de la FDP bávara prometen pleno empleo para 2015!); la economía se ha estancado, pero las exportaciones han batido un récord este primer semestre del año; la renta per cápita es la segunda más alta después de Hessen (si exceptuamos a las ciudades-estado de Hamburgo y Bremen); las cuentas públicas están tan saneadas que se han permitido este año eliminar las tasas universitarias; etc. Además, contribuye en más de la mitad a los fondos regionales de cohesión social. Con estos datos, causa sonrojo oír a un bávaro decir “somos la Cataluña de Alemania”.

Este domingo se celebran las elecciones al parlamento regional. Se ha tachado de “aburrida” la actual campaña a las próximas elecciones al Bundestag. Pero si se mira desde la óptica bávara, la campaña Merkel Vs. Steinbrück es de un éxtasis comparable a una campaña a la presidencia de Estados Unidos. En el oasis bávaro, la pregunta de quien va a ganar cobra el mismo sentido que en unas elecciones a la Junta de Andalucía. La pregunta es si esta vez la CSU conseguirá la mayoría absoluta que perdió en las últimas elecciones, como señalan las diferentes encuestas. Ni siquiera el carismático candidato socialdemócrata, que ha hecho de Múnich un lugar medianamente cosmopolita dentro del oasis provinciano bávaro, puede frenar esta tendencia “natural” del “ser bávaro”. Para que se hagan a la idea de hasta donde cubre el oasis: el gran tema de debate de los últimos días es la propuesta de poner un peaje en Alemania para turismos extranjeros. Seehofer hizo bandera, hasta el punto de comprometer cualquier futuro pacto de coalición en Berlín a ese medida. Merkel le dijo que no y Seehofer apeló al patriotismo bávaro. Ahí queda la chispa de la campaña bávara.

El Sueddeutsche Zeitung advertía ayer en un especial sobre las elecciones regionales contra la irrelevancia de unas elecciones a un “parlamento” que “se hace pequeño”. Y no sólo por las competencias transferidas a Bruselas. La polarización de los partidos se ha reducido. Los parlamentarios bávaros parecen inmersos en la misma vida bucólica de las vacas que pastan por los campos del sur de la región. Lejos quedan los tiempos del “Libertad o Socialismo” con que los socialcristianos agitaban el miedo de los electores en los tiempos de la Guerra Fría. Ni siquiera la construcción de guarderías, que en un pasado fue para la CSU un preludio al socialismo, se discute. Ni que decir del ya olvidado escándalo de la primavera pasada, en el que parlamentarios de la CSU y de la oposición habían otorgado a familiares cargos administrativos.

En las últimas semanas, el semanario Spiegel ha ido publicando una serie de reportajes sobre la situación en Alemania de cara a las elecciones generales que se celebrarán el próximo domingo 22 de septiembre. En varios reportajes, el semanario hamburgués denunciaba, en su habitual tono pontificante, la desidia de la canciller por no aprovechar la buena coyuntura para emprender reformas tan necesarias como impopulares. Y todo por no contrariar al feliz y supuestamente aletargado ciudadano alemán. La “república cómoda”, la “letargocracia”, etc., son algunos de los conceptos que han desfilado ligeramente para describir el actual estado de Alemania. No sé si esos apelativos son del todo justo, si miramos los números de regiones como Sajonia o Turingia. Si hay que buscar una república acomodada viajemos mejor a Baviera.

A Merkel se le puede acusar de no querer afrontar unos problemas estructurales en el país que a medio plazo pasarán factura a las jóvenes generaciones. Empezando por la factura de la luz, incontenible por un cambio energético poco planificado. O los pilares básicos del Estado del bienestar – “pensado para una sociedad que crea crecimiento y que nunca envejece” – como las pensiones, la sanidad o la educación (ojo a esta frase del Spiegel: “Alemania está regida por una estructura en la que los diferentes niveles de gobierno se bloquean mutuamente”). ¿Pero Baviera? ¿De qué se le puede acusar a Seehofer o a los políticos bávaros? Ni siquiera a Ude se le puede pedir explicaciones por los altos alquileres de la ciudad que gobierna; un fenómeno que, por cierto, mirado a escala española causa risa.

Hace tiempo, en La invención de Caín (Alfaguara, 1999), escribía Félix de Azúa unas impresiones sobre Múnich y la campiña bávara. Han pasado veinticino años de su publicación original y la observación siguiente aterra por su actualidad, temiblemente imperecedera: “Al recorrererla, lo que uno puede ver es una clásica estampa romántica a lo Joseph Anton Koch: granjas impecables sobre prados esmeralda donde pastorean unas ovejas eucarísticas; riachuelos y albercas de las que levantan el vuelo garcetas, ánades, grullas; villorrios relucientes en los que hasta el último remate acebollado relumbra cegadoramente… Y sin embargo, ocultas bajo el disfraz bucólico se encuentran las industrias punta europeas concentradas en esta zona que posee la renta per cápita más alta del continente. Están ahí, agazapadas, ronroneando su parto electrónico, transformando el mundo pero fuera del mundo, invisibles, disimuladas, disfrazadas de idilio. Alemania oculta su potencia, disimula su musculatura, disfraza su fuerza descomunal bajo el ropaje de un inocente bucolismo. Así, Múnich”. Y así, Baviera.

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3 pensamientos en “Así, Baviera

  1. […] celebradas este pasado domingo en Baviera vienen a confirmar las sospechas anunciadas en este blog: así es Baviera. Los socialcristianos de la CSU, liderados por el incombustible Horst Seehofer, han logrado la […]

  2. J.O. dice:

    Grande Javi noch mal. Tropiezo por casualidad con este post tras leer tu análisis de las generales (he estado unos días out). Deberían ser de lectura obligada para los expatriados en Baviera. Por cierto, al pelo la cita de Félix de Azúa que rescatas en el último párrafo.

  3. […] esta suerte de Ítaca bávara se ha escrito mucho en este año de elecciones. La Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) – algo así […]

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