Retórica de campaña

Se ha elogiado la intervención del candidato socialdemócrata, Peer Steinbrück, en el debate de anoche. Las encuestas no ofrecen un claro ganador, pero sin duda Steinbrück ganó mucho. Pese a un inicio titubeante, se mostró con resolución y firmeza, hasta el punto de sacarle a su oponente, la canciller Angela Merkel, el titular del día siguientea, a saber, que la canciller no apoyará la propuesta de sus socios bávaros de la CSU de establecer un peaje a los turismos extranjeros que transiten las carreteras alemanas. La afirmación de Merkel casi abre un cisma con sus socios bávaros que durará previsiblemente lo que dure la campaña electoral al Parlamento de Baviera, que se desarrolla por estas mismas fechas.

Hasta ahora la candidatura de Steinbrück se había cuestionado por las numerosas meteduras de pata del candidato. Los periódicos lo habían dado por imposible y habían acabado por reservarle el espacio de las viñetas de humor. Hoy Steinbrück ha dado el salto a las columnas de opinión y a los análisis más serios del país. No ganará las elecciones, pero Steinbrück se ha redimido de su propio guiñol.

Sin embargo, tras repasar los momentos cumbres del debate, no entiendo a qué viene tanta alegría socialdemócrata. Cualquiera que haya atendido lo que los medios alemanes han llamado con poco rigor “duelo televisivo” (más bien se trataba de una entrevista dual), se dará cuenta que sólo había algo más insoportable que la retórica vacía de Angela Merkel: y es la retórica retorcida de su oponente. Y no lo digo sólo yo, lo han señalado respetados comentaristas políticos, como Johan Schloemann del Süddeutsche Zeitung: “Steinbrück habla demasiado rápido. Sus frases, a alta velocidad, están completamente sobracargadas de temas y conceptos complejos. Incluso los académicos bien informados entre la audiencia tienen que estar muy concentrados para seguirlo”. Debo reconocer que me perdí en más de una ocasión, hasta el punto de que hoy tuve que acudir a algunas de las viñetas que se han publicado sobre Steinbrück para poder entender lo que el Steinbrück serio quería decir.

Entre el votante tradicional socialdemócrata se cuenta el obrero industrial y el trabajador de clase media que se habrá quedado igual que usted, amigo lector, al oír las palabras “Grundlastversorgung” o “Überförderungstatbestände”. Steinbrück, con sus frecuentes juegos de palabras y el uso de jerga técnica (especialmente en temas de finanzas) puede impresionar – para solaz de los germanistas – al espectador, que en seguida quedará seducido por la sencillez del estilo directo de una Angela Merkel que ayer tumbó a su rival por donde más le pueda doler. Tal vez sin quererlo, o porque así lo dispuso el mismo Steinbrück, Merkel quedó ayer como la candidata del trabajador común, ese que debería votar a Steinbrück.

Steinbrück no tiene remedio: deberá volver a las viñetas de los periódicos para recuperar los votos que perdió anoche.

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