Archivos Mensuales: agosto 2013

Desenredar Alemania

¿Alguien se imagina a un político del PSOE proponer que el número de Comunidades Autónomas debiera pasar de 17 a 10, para racionalizar sus necesidades financieras? ¿Alguien se imagina a la presidenta de Castilla-La Mancha solicitar una fusión con Castilla y León, La Rioja y Murcia, por poner un ejemplo que, a juzgar por el estado actual de su hacienda, no sería del todo descabellado? Pues esto es lo que está pasando en Alemania. Ya en 2009, el entonces portavoz del grupo socialdemócrata en el Bundestag o Parlamento federal, Peter Struck, propuso la fusión de diversos Länder para hacer frente a la creciente deuda provocada por la crisis económica.  De cara a las nuevas elecciones, ha vuelto a surgir el debate de una reforma federal. Hace pocas semanas, el ministro-presidente de Sajonia-Anhalt, Reiner Haseloff, de los cristianodemócratas de la CDU, el mismo partido en el que milita Merkel, planteaba una fusión con Turingia y Sajonia; una propuesta, por cierto, que fue inmediatamente rechazada por sus compañeros de partido de los Länder concernientes. “Esto iría a costa de la regionalidad”, le respondió su compañero de partido y ministro-presidente de Sajonia, Stanislaw Tillich. “La gente”, proseguía, “se identifica con la región en la que viven”.

A partir de 2019 todos los Länder tendrá que ser capaces de autofinanciarse, según dicta una ley aprobada en el Bundestag. El Gobierno federal dejará de prestar dinero, como ha hecho hasta ahora, a los Länder, que se han tomado la generosidad de Berlín con poco temperamento alemán. Esto pondrá en un aprieto a muchos de ellos, especialmente a los que formaban la antigua Alemania del Este. Para tal fecha, además, los Länder del Este dejarán de beneficiarse del Pacto de Solidaridad, por el que recibían y seguirán recibiendo una compensación de 105.000 millones de euros para paliar su déficit en infraestructuras más 1.000 millones anuales para asistencia social y desempleo. La completa autonomía financiera se les quedará muy grande. Así lo advertía hace un par de años Garrelt Duin, entonces portavoz parlamentario de Economía de los socialdemócratas: “Muchos Länder no son, de ningún modo, viables y sobreviven con la ayuda de las subvenciones de los otros”.

Hace dos semanas Der Spiegel traía las declaraciones del senador berlinés Ulrich Nußbaum. Vale la pena anotarlas: “El principal problema de los Länder es que dentro de una Europa que crece unida tienen miedo de perder su derecho a existir”. Nadie pone en cuestión la existencia de los municipios por las necesidades locales que prestan ni siquiera la de los gobiernos nacionales, pese a la cesión de competencias a Bruselas. ¿Pero los Länder?

Una muestra de hasta qué punto el apelo a la identidad ha llegado a viciarse, señala este senador, es la política educativa. Los ministros de los Länder se pusieron de acuerdo, en la primera reforma federal de 2006, en prohibir al Gobierno inmiscuirse en esa competencia. Su único papel se limitaría a pagar, pero sin rechistar, que es, por cierto, en lo que ha derivado la “financiación autonómica”, por utilizar una expresión española a modo de comprensión: el Gobierno paga sin derecho a hablar, cual contribuyente sumiso. “Es un anacronismo”, dice el senador Nußbaum, “que 16 Länder hagan su propia política educativa”. ¿¡Y a nadie en Alemania se le ha ocurrido llamar a este señor facha y centralista!?

Nußbaum, por cierto, es senador berlinés sin adscripción a ningún partido político. Por eso se permite la siguiente prognosis sin que le caigan chuzos ideológicos: “Cuando un Land no pueda pagar más a sus profesores y policías, tendrán los ciudadanos menos problemas para ceder en su patriotismo regional”. Nußbaum sabe de lo que habla: para que dos o más Länder se puedan fusionar, los ciudadanos de las respectivas regiones han de mostrar su acuerdo mediante un referéndum. En 1996 Berlín y Brandemburgo intentaron formar un solo Land, pero los ciudadanos de Brandemburgo lo rechazaron. Habrá que ver lo que opinarán estos ciudadanos cuando en 2019 les deje de caer el dinero de Berlín (del Gobierno federal, claro).

Una fusión, por tanto, no resultaría tan disparatada, incluso para mantener el folclore.

Alemania frente a su alternativa

Ayer agredieron en Bremen a Bernd Lucke, el jefe del nuevo partido Alternativa para Alemania (AfD, en sus siglas en alemán). 25 encapuchados irrumpieron en un acto de campaña y dos de ellos agredieron en la tribuna al catedrático de Economía de la Universidad de Hamburgo. Los agresores irrumpieron al grito de “¡nazis de mierda!” e hirieron con un cuchillo a uno de los asistentes. La policía de Bremen detuvo a los agresores, que se autodeclararon “antifascistas”. Aquí se puede ver el vídeo de la agresión.

En declaraciones a la radio pública alemana, Lucke denunciaba la imagen peyorativa que desde los medios de comunicación se ha transmitido del nuevo partido, que preconiza la disolución del euro. “Populistas”, “populistas de derechas”, “extremistas de derechas”, “populistas de extrema derecha”, etc., son los sintagmas que desde medios como Der Spiegel, Die Zeit o el Süddeutsche Zeitung – por poner tres ejemplos que consulto a diario – se ha podido leer acerca del nuevo partido.

El nuevo partido alemán ha nacido del descontento de sectores conservadores hacia la política proeuro de Angela Merkel. Entre sus fundadores se encuentran profesores universitarios e intelectuales como Konrad Adam, antiguo redactor del Frankfuter Allgemeine Zeitung, o el mismo presidente. No tiene que ver nada con el Tea Party, el partido de Le Pen y mucho menos con los camisas pardas (sólo basta fijarse en las imágenes de los asistentes al mitin). Sus miembros se oponen a los rescates y a la política del Banco Central Europeo de comprar deuda a los países en crisis en los mercados secundarios. Consideran que mantener el euro es un error y que a todos los países europeos les iría mejor si recuperaran sus monedas nacionales. Su aparición ha intensificado el debate sobre un tema que une a los dos grandes partidos en Alemania, pero que, de hacer caso a las diferentes encuestas, divide cada vez más a sus ciudadanos. Su presencia es, por tanto, muy molesta, y no sólo para la CDU, el partido de Merkel, que teme perder votos por el lado de una creciente ala euroescéptica.

La aparición de un partido que cuestiona el euro y el apotegma de Merkel “si el euro fracasa, fracasa Europa” despierta fantasmas del pasado no sólo entre los llamados sectores progesistas. Hasta ahora estaba claro que Alemania sólo podía existir dentro de una Europa unida, como escribió el filósofo Karl Jaspers a Hannah Arendt en los años cincuenta. Y hablar de una Europa unida significa(ba) ceder soberanía. Ese había sido hasta ahora el consenso. Sin embargo, la crisis del euro y la opinión creciente de muchos alemanes de que el dinero que ha salido de su esfuerzo (léase, impuestos) vaya a parar a los vagos del Sur, ha puesto en cuestión no sólo la existencia del euro, sino también la necesidad misma de una Europa más unida.

El partido Alternativa para Alemania es el fruto de un tabú quebrado. Y la reacción de la vieja guardia mediática, un signo de que todavía no se ha asumido el presente: y es que Alemania ya es un país europeo, como cualquier otro. Es posible que el nuevo partido no tenga mucho rodaje; tal vez sea sólo el síndrome de una mala coyuntura. También puede que esté aquí para quedarse. No comparto su programa euroescéptico, pero a mi juicio su entrada en el Parlamento significaría un paso más hacia la normalización definitiva de Alemania en Europa. Como cualquier otro país vecino, tendría su partido euroescéptico en el Parlamento.

Aunque bien mirado, es posible que cuando llegue el día de las elecciones consigan pocos votos. Lo recordaba hace poco el filósofo Peter Sloterdijk en Der Spiegel: los alemanes son timoratos.

El día de la esquizofrenia verde

A escamente un mes y medio de las elecciones federales, los Verdes han propuesto que todos los jueves se sirva solamente comida vegetariana en los comedores de las empresas de Alemania. El “Día Verde” (o Veggie Day, en su versión esnobista alemana) tendría como meta reducir el consumo de carne y concienciar al ciudadano contra el maltrato animal, el medio ambiente y la salud.

La propuesta no ha sido bien acogida por el resto de partidos, que verían en dicha medida, en el país de las regulaciones, un intento de tutelar la vida de los ciudadanos. Incluso el Partido de la Izquierda, proclive a cualquier medida que suponga controlar al ciudadano (siempre y cuando no sean los americanos con su programa de espionaje), se ha unido al coro de los discrepantes.

Que los Verdes hayan llevado tal propuesta en su programa electoral no debería sorprender a nadie. Al menos, a nadie que viva en Alemania. En los últimos meses han salido salido a la luz informaciones sobre el maltrato de animales en granjas de Alemania, que han sacudido la conciencia ecológica del buen ciudadano alemán, siempre susceptible a tales cuestiones metafísicas. Que tal medida tenga éxito es más que discutible, no sólo por la oposición del resto de partidos, sino por el reto que supondría a todos los alemanes, incluso a quien escribe esto. El diario Bild lo resumía no sin ironía con el siguiente comentario de la jefa del grupo parlamentario de los Verdes, Renata Künast: “Un ‘Veggie Day’ sería un día maravilloso para ensayar cómo nos alimentaríamos por una vez sin carne ni salchichas”.

Sin duda, se trata de una exageración: el consumo de carne en Alemania se encuentra por debajo de la media de los países desarrollados, según un informe publicado este año por la Fundación Heinrich Böll. Es más, el consumo se ha reducido – poco – con respecto a 1991. Sin embargo, el mismo informe señala que el 85% de los alemanes no pueden vivir diariamente sin carne. Y yo tampoco. Una razón, entre otras, es su precio: aquí comer carne es barato y resalta una vez más las contradicciones de este país, cuna del movimiento ecologista, en su relación con la comida y el medio ambiente. Der Spiegel lo resumía en un reciente reportaje sobre la industria alimenticia: “Los consumidores alemanes son esquizofrénicos: se compran cocinas caras, pero se enfadan con los supermercados por cada pequeño aumento de precio. Quieren que la comida sea cómoda y fácil de preparar, pero se sorprenden si no es saludable. En las encuestas de opinión puntúan al máximo los productos por valores como su regionalidad, su biocalidad y el bienestar de los animales, pero cuando van a comprar se estremecen frente a los productos que cumplen estos criterios”.

Mientras tanto, un estudio de las Universidades de Göttingen y Hohenheim señala que el 60 por ciento de los alemanes estaría dispuesto a comer menos carne y que el número de vegetarianos se ha doblado en los últimos siete años hasta llegar al 4 por ciento de la población. No está mal. Unos pocos años más y las mismas encuestas señalarán que los alemanes estarán a favor del cierre de las cadenas de supermercados baratos que venden carne a precio de descarga en Internet. Pero para llegar a esto haría falta más de un Veggie Day y una auténtica revolución en el estilo de vida alemán. Empezando por el (mal) gusto culinario, al mismo nivel que esos productos baratos que ofrece la red.