Archivos Mensuales: diciembre 2012

El futuro del periodismo (no sólo en Alemania)

El semanario Die Zeit, con sede en Hamburgo, inició hace tres semanas una serie de reportajes sobre el futuro del periodismo. El resultado no es malo, si se tiene en cuenta que la información va dirigida a un público ajeno al oficio aunque con (supuesto) interés sobre su evolución. Los dos primeros números traían amplios análisis y entrevistas de gran interés, como la que realizaron a los jefes de la redacción del Spiegel Online o a Mathias Döpfner, CEO de Axel Springer, la empresa editora de los diarios Bild y Die Welt. En líneas generales los análisis contienen una dosis mesurada de optimismo, hasta el punto de sostener que ahora se hace el mejor periodismo de nunca y cosas consabidas como que Internet ha de ser visto como una gran herramienta de trabajo para los periodistas y no una amenaza. Se distingue desde el inicio lo que realmente está en crisis: el modelo de negocio. El periodismo sigue, ya sea en papel o en Internet. La pregunta es hacia dónde y cómo, si nadie paga por leer las ediciones digitales. El gratis total está sobre la mesa y contra las cuerdas en Alemania. Spiegel Online, hasta ahora gratis y que trabaja como una redacción paralela a la del semanario, empezará a cobrar por algunos contenidos. Die Welt ya empezó este año con un modelo similar al del New York Times y la web del Frankfurter Allgemeine Zeitung prepara también el salto al modelo de pago.

En el fondo planean las sombras de dos grandes diarios alemanes que se han dejado de publicar recientemente: hace cosa de un mes el Frankfurter Rundschau (FR) entró en bancarrota y el Finantial Times Deutschland (FTD) publicó su último número el pasado viernes. Y eso en un país donde la crisis del periodismo se vive con menos intensidad que en otros. La cultura de la suscripción ha permitido a los diarios alemanes contener la sangría de la caída publicitaria. No obstante, según un informe de la Asociación Federal de Editores de Diarios Alemanes (BDZV, en sus siglas en alemán) desde 1995 se registra una disminuición paulatina de las suscripciones junto a la venta en quiosco, que en Alemania supone hoy en día una cuarta parte del total de las ventas. La venta total de ejemplares diarios cayó un 26,3% de 1995 a 2011. Las suscripciones han disminuido en un 23,9% y la venta en quioscos, más dramática, en un 42,2%. Los ingresos publicitarios en los diarios han emigrado a otras plataformas: pasaron de poseer una cuota del 37,1% del total de ingresos publicitarios en los medios en 1985 al 19,4% en 2011.  Sí, urge un cambio de modelo de negocio.

Pero no sólo eso. Los diarios alemanes, y muchos ciudadanos, parecen estar concienciados de que quien quiera leer buen periodismo va a tener que pagar. Los periódicos, como recuerda Die Zeit, suponen la principal fuente de información del resto de medios. También son los periódicos los que ostentan la mayor credibilidad informativa con respecto al resto de medios. Por último, no se puede concebir una democracia sin periódicos. El optimismo del semanario hamburgués, sin embargo, radica en una falsa distinción: se dejarán de leer periódicos en papel, bien, pero el periódico, y, sobre todo, el periodismo, sobrevivirán, ya sea en un Ipad o en una pantalla digital cualquiera. Para Die Zeit cuando se habla de crisis del periodismo se está hablando realmente de la crisis de un modeo de negocio. Y ahí yace el error: Internet también ha supuesto un cambio en el periodismo que hoy se hace. Los cambios son obvios. Para bien y para mal. No se lee del mismo modo una misma noticia en la web del New York Times que en el papel. En este sentido, no se puede hablar de crisis. Ha resultado un gran progreso.

La crisis, a mi juicio, está en el  corazón del oficio, en algo tan rudimentario pero necesario como los puestos de trabajo y las condiciones laborales. La insolvencia de los dos diarios alemanes antes citados ha puesto en peligro el puesto de unos 800 trabajadores (500 por parte del FR y 300 por el lado del FTD). Y perdónenme la obviedad, pero sin periodistas no se puede hacer periodismo. Un periodista del Die Zeit celebraba en el primer número que la irrupción de Internet y de ese espectro sobreestimado del “periodismo ciudadano” ha hecho descender a los periodistas profesionales de su arrogancia, retratados a veces, en su pasado impreso e idílico, como vividores con buenos salarios (ejem) que se podían permitir todo tipo de abusos informativos. Bien está que ahora esos “vividores” también puedan ser escrutados. En eso nadie pone en duda que el periodismo ha ganado en calidad. Pero no entiendo por qué hay que celebrar – aunque sea de un modo indirecto – la pauperización de sus condiciones laborales (proliferación de los periodistas free lances que cobran a pieza lo que vale un pan) al modo de “os lo tenéis bien merecido, por chulos”. Ni que decir el otro reverso: los despidos masivos en los últimos años. Ahí la calidad se resiente. Sólo hay que echar un vistazo a las redacciones de muchos periódicos. En lo que se han convertido. En este sentido recomiendo vivamente la lectura de un artículo de Pepe Albert de Paco en el suplemento Ideas de Libertad Digital. El título es claro: “Un oficio de museo”.

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En busca del sueño alemán

(A Gilberto, con optimismo)

Aumenta el número de inmigrantes en Alemania. Sólo en 2012 se registraron unos 389.000 nuevos ciudadanos extranjeros y se estima que de aquí a 2017 lleguen a Alemania 2,2 millones de inmigrantes, informa Spiegel Online. Es una buena noticia para el país, que pierde población desde el año 2002. Las estimaciones más recientes de Eurostat (ver informe aquí, pág. 120) señalan que Alemania pasará a tener 74 millones de habitantes en 2050. En el año 2000 tenía 82 millones. Mucho de los nuevos inmigrantes provienen de España, Portugal y Grecia y la tendencia parece no tener freno en los próximos años. Los nuevos inmigrantes son bienvenidos, dice el informe o la noticia. Alemania sufre una carencia de mano de obra en determinadas ramas y regiones. Esa es la canción de los últimos dos años. Queda por saber (no encuentro la estadística) cuál es el nivel de colocación de los recién llegados, qué oficios desarrollan cuando llegan (si es que desarrollan un oficio), a qué ciudades y regiones van a parar (me temo que muchos a Berlín, con el 11,4% de desempleo) y su nivel de formación. No pongo en duda de que están bien preparados y hablan idiomas, como dice la canción. Pero muchos no saben a lo que se enfrentan. Y no sólo es el idioma, que también y principalmente. Se trata también de la cultura empresarial alemana, mucho menos abierta y flexible de lo que se oye por ahí cuando se trata de mentar la mediocridad empresarial española. No digo que esté a su altura. Eso es inalcanzable. Pero tela.